Buenos Aires Paradigma
Autor: Carlos Carrique

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En aquellos países donde se avanza hacia la justicia social y la democratización de la cultura se afianzan feudos de resistencia neoliberal. Esto sucede en Venezuela, en los departamentos bolivianos de Santa Cruz y en toda aquella geografía donde la derecha resiste con mayor holgura los aires de cambio. Pero claro que el caso de la ciudad de Buenos Aires reviste una ligera atipicidad porque nos hallamos ante una ciudad que produce cultura de manera inusitada: doscientos a trescientos espectáculos teatrales por fin de semana o centenares de miles de entradas vendidas en los festivales de cine independiente (Bacifi). Dentro del marco de la globalización y la transnacionalización de la cultura, podríamos decir que la producción cultural argentina constituye un fenómeno de resistencia cultural. Así se expresó en la última gran
crisis donde en plena catástrofe se multiplicaban abrumadoramente las propuestas como si nos halláramos en el mejor de los mundos.
Por supuesto que nos encontramos en un territorio que enfatiza y se vanagloria de ser un espacio compuesto por clases medias cultivadas, productoras y consumidoras de cultura. Pero paradójicamente son sectores de esas clases medias quienes han entronizado un gobierno de derecha en la ciudad, un enclave del neoliberalismo en un país que a partir de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner viene concretando profundos cambios estructurales al servicio de los sectores más postergados. Esta contradicción de la clase media porteña -que no es única en el occidente- hace que, enfrentado al sector que resiste cultural y socialmente, amplios sectores de la misma se comporten como un verdadero ejército de contrainsurgencia operado por los sectores pictureoligárquicos. Aunque sumando descréditos a pasos agigantados, la derecha gobierna un territorio afín: una ciudad eurocéntrica con pocos indios y sin negros. La situación se precia para iniciar la tarea demoledora. A partir de su asunción, Mauricio Macri, Jefe de Gobierno porteño inicia las acciones. Lo secunda el partido de los medios y un ejército de periodistas, “especialistas”, psicólogos mediáticos, religiosos y políticos que actúan como verdaderos chamanes del Apocalipsis. Uno de los primeros pasos es desarticular los Centros Culturales barriales. La solución para ellos es la clausura o el desalojo: Centro Cultural Almagro, Centro Cultural del Sur, Centro Cultural Flores, La Fábrica Ciudad Cultural,Casa de la Cultura Compadres del Horizonte, Casa Zitarrosa Centro Cultural, Cine Libre de Parque Rivadavia, Afrocultural Bonga, Centro Cultural Trivenchi y muchos otros. Como eficaz complemento falta gas en las escuelas, se caen los techos del Colegio Mariano Acosta y se encuentra en etapa avanzada el proyecto gubernamental sobre el teatro Colón. Las primeras medidas comprendieron la cancelación de la temporada lírica mientras se arremetía mediante jubilaciones compulsivas contra la orquesta estable. Muestra de la ignorancia y las desidia, los planos originales del Teatro (117 años de antigüedad) se encontraron tirados en una bolsa de plástico en un rincón cubierto de polvo de las Escuelas Raggio. Las obras de remodelación estuvieron detenidas durante un año y medio, período durante el cual se elaboraba un nuevo proyecto que es el que ha comenzado a ejecutarse y que incluye sitios de relax, confiterías y espacios destinados a la comercialización de productos.
Paralelamente cuatrocientos cincuenta trabajadores fueron separados de su actividad y reasignados a áreas para las que no fueron formados como espacios verdes y hospitales. De manera que la persona encargada del programa de difusión “Todos al Colón” se encuentra dando turnos en el hospital Durand. A todo esto ya se ha producido el vaciamiento del Canal Ciudad Abierta. Sumando ejemplos como este que podrían multiplicarse al infinito, y exceden el espacio destinado a esta nota, el gobierno considera que Buenos Aires debe limitarse a ser una ciudad de marketing de tango vinculada al turismo internacional. Con pobreza de espíritu pero con la indiferencia y crueldad que caracteriza a su ideología neoliberal el Jefe de Gobierno –inasistencia perfecta a los espectáculos de calidad artística- desprecia todo aquello que no conoce e ignora.